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Los mejores parques con sombra en Barcelona

25/08/2014
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Antonio Cerrillo,
La Vanguardia

Un recorrido por los jardines que mejor permiten sortear un día caluroso.

1 UNIVERSIDAD CENTRAL

El Jardín de la Universidad Central puede ser un refugio de emergencia cuando más aprieta el calor este agosto. Y, de hecho, lleva más de 140 años demostrando (desde que fue creado el edificio de la Universidad, en 1871) que puede ser compatible la relajación serena y el estudio reflexivo.

Esta es una isla verde en medio de un área urbana donde se juntan Ciutat Vella y Eixample, dos distritos escasos en áreas verdes. El Jardín de la Universidad fue creado con el doble objetivo de ser un jardín didáctico -en el que mostrar las especies botánicas más destacadas- al tiempo que se configuraba como un espacio de recreación y descanso, nos recuerda Montse Rivero, técnica de espacios verdes del Ajuntamiento de Barcelona.

Algunos de los árboles que aloja proceden del antiguo jardín botánico que el Marqués de Citadilla creó en 1784 entre las calles de la Cera y de la Muralla y que dio después en el Colegio de Cirugía con fines divulgativos y de enseñanza.

Pasear por este espacio proporciona un enorme relax. En la calle se superan los 30 grados, pero estos árboles crean el ambiente propio de un jardín sombrío y tranquilo, donde destacan el árbol de los escudos (Ginkgo biloba) o el tejo (Taxus baccata), catalogados como árboles de interés local de Barcelona, por sus dimensiones e historia. El patio de acceso al jardín desde el vestíbulo principal ofrece una sorpresa. Se puede contemplar el tronco de un cedro centenario, abatido a principios de siglo por una tormenta, el corte transversal del que muestra los anillos de crecimiento.

2 Esta es una isla verde en medio de un área urbana donde se juntan Ciutat Vella y Eixample, dos distritos escasos en áreas verdes. El Jardín de la Universidad fue creado con el doble objetivo de ser un jardín didáctico -en el que mostrar las especies botánicas más destacadas- al tiempo que se configuraba como un espacio de recreación y descanso, nos recuerda Montse Rivero, técnica de espacios verdes del Ajuntamiento de Barcelona.

Algunos de los árboles que aloja proceden del antiguo jardín botánico que el Marqués de Citadilla creó en 1784 entre las calles de la Cera y de la Muralla y que dio después en el Colegio de Cirugía con fines divulgativos y de enseñanza.

Pasear por este espacio proporciona un enorme relax. En la calle se superan los 30 grados, pero estos árboles crean el ambiente propio de un jardín sombrío y tranquilo, donde destacan el árbol de los escudos (Ginkgo biloba) o el tejo (Taxus baccata), catalogados como árboles de interés local de Barcelona, por sus dimensiones e historia. El patio de acceso al jardín desde el vestíbulo principal ofrece una sorpresa. Se puede contemplar el tronco de un cedro centenario, abatido a principios de siglo por una tormenta, el corte transversal del que muestra los anillos de crecimiento.

2 PARQUE DE MONTEROLS

Si el transeúnte se ve atrapado por el calor en Sant Gervasi, una de las mejores opciones es adentrarse en el parque de Monterols, una pequeña colina salvado de la edificación entre las calles Muntaner y Balmes cerca de la avenida General Mitre. Es un placer poder refrescarse bajo las sombras de sus pinos, las copas de los cuales son verdaderas sombrillas gigantes de playa.

Sorprende la sencillez de este parque, austero, eficaz, sin pretensiones, muy bien conservado, situado en la cima de una antigua finca propiedad de la familia Gil, dada en la ciudad en los años 40. La zona ha mantenido su carácter rústico , que se aprecia en todo el recorrido: su camino circular, los rincones y las pequeñas plazoletas escondidas en medio de una vegetación frondosa con todos los matices de verdes, que proporcionan durillos, pitósporos, romeros y lavanda. Entre los árboles, según nos nuestra acompañante, Montse Rivero, destaca, sin dudar lo más mínimo, los algarrobos, las encinas y los pinos.

El sitio "combina áreas de sol matinal con zonas de sombra", un enclave fantástico para leer, charlar y estar aislado en plena trama urbana, sin más ruido sorpresa que algunas bandadas de pájaros o los dueños que pasean el perro leyendo.

3 LARIBAL

Un paseo por los jardines de Laribal, que iniciamos a su entrada cercana al Museo Miró, permite disfrutar de las mejoras sombras de Barcelona mientras un suave descenso por la montaña de Montjuïc (en dirección hacia el edificio del Museo de Arqueología) nos ofrece panorámicas nuevas en cada giro de su serpenteante camino. Todo esto lo tuvo que tener muy presente Forestier, que creó a principios del siglo XX (con motivo de la celebración de la Exposición Internacional de 1929 de Barcelona) un jardín tan bien diseñado, que el itinerario salva un enorme desnivel del terreno sin que el visitante lo note. Sólo advertimos una admirable sucesión de pérgolas (bien restaurada), pequeñas quiebros refrescantes, bancos de cerámica, plazoletas para descanso de deportistas y una monumental glorieta de cipreses convertida en escultura arbórea, casi en un monumento a las sombras.

"El ambiente de este jardín es sin embargo muy diferente al de su primera época", nos explica Rivero. Antes esto era terreno casi baldío. Pero, hoy, casi 100 años después de su creación, los jardines de Laribal han modificado las condiciones microclimáticas del jardín. Viejos cipreses, pinos, aligustres y olivos, acompañados, de algunas mimosas, tilos y palmeras recrean el modelo de jardín hispanoárabe en que se inspiró Forestier para diseñar estos jardines. "Aquí no faltan sombras y una vegetación que sirve de refugio tanto a personas como a la fauna, en especial a los pájaros", me dice Rivero mientras caminamos hacia la Font del Gat.

4 ANTIGUO JARDÍ BOTÀNIC

Detrás del Palacio Nacional de Montjuïc, el antiguo Jardín Botánico esconde sombras muy desconocidas para los barceloneses, ya que además de ser una vieja cantera sombría, contiene probablemente los árboles más altos de la capital, aunque esto es difícil de percibir debido de la profundidad del jardín, que dibuja un recorrido descendente.

Al jardín, creado en los años 30 por Pius Font Quer, se accede a través de un camino que culmina en el fondo del hueco y en el itinerario se reparten árboles y arbustos cultivados en su día para mostrar las diversas especies botánicas.

¡Qué hermosa reconversión de esta vieja cantera que suministró piedra la Barcelona del siglo XIX! En el recorrido nos acompaña además una pequeña riera que culmina la recontrucción de un paisaje perfectamente naturalizado.

Montse Rivero destaca sobre todo el árbol del alcanfor ( Cinnamomum camfora), un carpe (Carpinus betulus), un fresno de Pensilvania (Fraxinus pensylvanica) y un nogal de Cáucaso, (Pterocarya fraxinifolia), cuyas enormes ramas proyectan sombras interminables. Con la creación del Nou Jardí Botánic de Barcelona, abierto en 1999, dejó de cumplir las funciones de jardín científico y hoy forma parte del patrimonio natural de la ciudad, como un parque público más.

5 JARDÍN DEL PALAU DE LES HEURES

Pasear por este jardín en los años 80 del siglo pasado parecía una inmersión en el decadentismo o un viaje acelerado hacia la depresión ya que su abandono era tal que apenas se intuía su viejo esplendor de jardín aterrado presidido por un palacio o, más bien, un 'chateau'.

Todo ello, a finales de los años 90, fue restaurado. Creado en la segunda mitad del siglo XIX, este es uno de los jardines históricos más desconocidos de Barcelona. Ubicado en el recinto dels Llars Mundet, su propietario -Josep Gallart y Folch- encargó a Agustín Font i Carreras un jardin para embellecer y realzar el Palau de les Heures y que compitiera en belleza con el de su vecino, propietario del jardín del Laberint d'Horta .

La restauración ha permitido convertir el jardín en un lugar ideal para recuperar tranquilidad, gracias a la combinación de las zonas soleadas de las terrazas con áreas de sombra frondosa. Su gran atractivo sigue siendo la colección de palmeras destinadas a crear un ambiente exótico.

6 JARDINES DEL PÀLACIO DE PEDRALBES

Otra excelente decisión es visitar los jardines del Palau de Pedralbes, una de las obras más destacadas de Nicolau Maria Rubió i Tudurí. En este caso, no se trata de un jardín de nueva planta, sino que Rubió transformó un jardín preexistente, perteneciente a la familia Güell, en un jardín de recepción destinado al uso que la monarquía española haría de él durante el Exposición Internacional de 1929. Pasear por estos jardines permite conocer el paisajismo latino de Rubió, en el que se que combinan los espacios formales abiertos (parterres de recepción ubicados a ambos lados de la avenida de tilos) y los bosquetes de cedros y bambúes. "En mi opinión esta es una de las mejores obras de Rubió i Tudurí, pues muestra su habilidad en solucionar problemas técnicos, como es el un desnivel topográfico considerable para acceder desde la Diagonal en el palacio, con imágenes de gran belleza", dice Rivero. El desnivel del terreno se superó creando una fuente ornamental y transformando la antigua avenida de tilos que daba acceso a la torre de los Güell en un conjunto vegetal tapizado por una alfombra de hiedra, una de las piezas más bonitas del jardín.

Felices sombras...