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El futuro del Palmeral de Elche

19/03/2007
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José Ramón Giner,
El País

La denuncia del Colegio de Arquitectos de Alicante sobre el peligro que amenaza al Palmeral de Elche no ha tenido eco, hasta el momento. Tras su publicación en la prensa, días atrás, no se ha producido ningún comentario que yo conozca. Siendo el Palmeral de Elche Patrimonio de la Humanidad, este silencio no deja de resultar sorprendente. Ante una alegación que pone en duda la oportunidad del Plan Especial del Palmeral aprobado por el Ayuntamiento, cabría esperar que se abriera un debate ciudadano en el que escuchásemos voces a favor y en contra del mismo.

Sin embargo, nada de esto ha ocurrido. Se diría que a los ilicitanos no les importa la suerte que pueda correr el Palmeral. Ni siquiera el propio Ayuntamiento se ha molestado en responder a las acusaciones de los arquitectos. Tal como se han desarrollado los hechos, puede decirse que la denuncia no ha tenido el menor efecto, que no ha existido.

Hubiera preferido que las cosas sucedieran de otra manera, aunque sólo fuera para agradecer al Colegio de Arquitectos el interés que ha mostrado en el caso. En los últimos tiempos, el Colegio de Arquitectos de Alicante está realizando una labor muy activa en defensa de los intereses ciudadanos. No hay asunto urbanístico de importancia en el que no dé su opinión.

Habituados a la pasividad que suelen mostrar nuestras instituciones ante las cuestiones públicas, la conducta de los arquitectos ha sorprendido positivamente a muchas personas. Me temo que entre ellas no se encuentran las autoridades municipales, poco amigas de enfrentarse a colectivos que discutan sus decisiones.

Y ¿cuáles son, en opinión de los arquitectos, los peligros que amenazan al palmeral ilicitano? El principal de ellos, sin ninguna duda, es la presión urbanística, o sea, la construcción. El plan que ha aprobado el Ayuntamiento de Elche supondrá la desaparición del Palmeral, a largo plazo, al aumentar la presión sobre el mismo, afirman los arquitectos. De no modificarse el documento, Elche podría perder su bosque de palmeras en los próximos cincuenta o setenta años. Quienes consideren exageradas las previsiones, deberían recordar que, durante el último siglo, el Palmeral redujo su superficie en un millón de metros cuadrados. Un millón de metros cuadrados es una cifra lo bastante respetable para llamar la atención por sí misma. A juicio de los arquitectos, la pervivencia del Palmeral pasa por prohibir la edificación en los huertos de palmeras, una postura que, como es natural, no comparte el Ayuntamiento ilicitano.

Pese a la disposición de los arquitectos, mi opinión es que el Palmeral, tal como lo conocemos hoy, desaparecerá en el futuro. Esto no quiere decir que Elche se quede sin palmeras. Las habrá, sí, pero de una manera que tendrá poco que ver con el bosque actual. La propia codicia del sistema capitalista -en su vertiente más depredadora que es la que se practica en la Comunidad Valenciana- acabará con el Palmeral de Elche como ha acabado con tantos otros paisajes de nuestro entorno. No importa cual sea el partido que gobierne, el ayuntamiento de turno se limitará a dar una cobertura legal a las demandas económicas. Somos una democracia joven que carece todavía de un sentido patrimonial del paisaje. Aunque, en los años recientes, haya aumentado el número de ciudadanos preocupados por estos asuntos, aún no es suficiente para provocar un cambio social. El camino que nos falta para alcanzar la sensibilidad que en estos temas tienen otros países, como los nórdicos, por ejemplo, es muy largo.