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Desde The Nature of Cities, en todas nuestras interacciones nos marcamos siempre como prioridad adaptarnos a las realidades de los demás. Puede parecer muy evidente, pero tiene sus implicaciones. Científicos, legisladores, artistas, agricultores, educadores, comunicadores… Cada cual describe el mundo desde el prisma de su comunidad. El problema aparece cuando damos por hecho que los demás deben entrar por nuestra puerta, con nuestra terminología, nuestros datos o nuestras maneras de ver las cosas.
Adaptarse a las realidades de los demás también nos obliga a plantear distintas preguntas. ¿Qué les preocupa? ¿Qué palabras utilizan? ¿Qué les genera esperanza, enfado, orgullo, angustia o curiosidad? ¿Qué historias cuentan sobre sí mismos, sus futuros y los lugares que aman? Para conectar con las personas, el primer paso es escucharlas.
Y esta visión no solo es aplicable a las comunidades, sino también a los planteamientos transdisciplinarios. Es importante que las distintas disciplinas conecten sin tener que renunciar a nada. Por ejemplo, las mesas redondas de The Nature of Cities reúnen a 20 personas o más de diferentes disciplinas, prácticas y geografías para responder a una misma pregunta. No es necesario que nadie adopte el lenguaje de otro. La puesta en común de distintos puntos de vista es lo que aporta la auténtica riqueza. Las colaboraciones entre arte y ciencia (por ejemplo, cómics o teatro) abren nuevas puertas a ideas complejas y hacen que la ciencia sea más accesible, sensible, sorprendente y, me atrevería a decir, incluso más divertida.
Esta es la idea de fondo de HARVEST, un nuevo proyecto de Horizonte Europa impulsado por 15 socios y puesto en marcha este otoño que explora el potencial de atracción de la agricultura y la ganadería, especialmente entre jóvenes y personas recién llegadas al mundo rural. Sin embargo, no podemos decidir por nuestra cuenta qué hace falta para que la agricultura resulte atractiva ni diseñar una campaña partiendo de esta premisa. Tampoco podemos dar por hecho que la gente tiene una imagen “equivocada” del mundo rural y que, por tanto, hay que transmitirles la imagen correcta. En lugar de eso, debemos partir de las realidades en las que viven las personas. Por ello, exploramos las condiciones económicas, sociales, culturales y prácticas de la agricultura, escuchamos a los agricultores y a posibles futuros agricultores; y analizamos los discursos que circulan por los medios, las comunidades, el ámbito educativo y las instituciones vinculadas al mundo rural. El objetivo es identificar las verdades que transmiten, las que dejan de lado y por qué algunas tienen más resonancia que otras.
Los StoryLabs van un paso más allá. No se trata de espacios en los que HARVEST explique mejores historias a las personas, sino de espacios en los que se crean historias con las personas, utilizando sus palabras, experiencias, contradicciones, sentido del humor, frustraciones y ambiciones. Desde las previsiones hasta la educación, las políticas y las comunicaciones, la filosofía es siempre la misma. No son iguales un legislador, un adolescente, un agricultor consolidado y alguien que nunca se ha planteado la agricultura como opción de vida. Por tanto, no podemos hablarles como si lo fueran.
HARVEST aspira a generar nuevas oportunidades en el mundo agrícola, pero para impulsar un cambio real no basta con decir a las personas hacia dónde deben ir. Primero, hay que adaptarse a sus realidades y, después, plantearnos juntos los próximos pasos.
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