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30 de Marzo de 2011

Molinos en el paisaje tradicional

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA La Verdad - [Crónica]

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Jinetes sobre caballos ante el molino de Torre Pacheco, en una de las romerías. A.T.P.

Un paisaje expresa no sólo procesos biológicos, también la intervención del hombre, la huella que deja y que refleja maneras de producir, vivir y ser en el mundo. Todas estas razones hacen que lo contemplemos como un conjunto de imágenes que nos representan, que forman parte de nuestra identidad cultural. Por ello, festejamos el aumento de la conciencia paisajística en nuestra sociedad, tal y como ha señalado Luis Álvarez Munárriz, catedrático de Antropología de la Universidad de Murcia. La acelerada modernización se ha llevado, como si de una rambla terrible se tratase, elementos del paisaje tradicional, y aquí incluimos las transformaciones impuestas por la revolución agraria que ha supuesto la llegada de las aguas del Trasvase. Hemos perdido, pero aún nos quedan en pie y temblando, algunas casas y casonas de campo, norias, palomares, viñas o las esbeltas palmeras.

El Ayuntamiento de Torre Pacheco ha sido consciente de la necesidad de recuperar parte de su patrimonio rural como capítulo destacado de la oferta turística, cobrando gran relevancia la rehabilitación y puesta en valor de los molinos de viento, dedicados antaño a elevar agua o moler harina. En este apasionante proyecto adquiere gran importancia la Asociación Molinos de Viento de Torre Pacheco, presidida por Antonio Pagán García, nuestro particular don Quijote. Sus miembros más activos acompañan las visitas guiadas, resultando muy ilustrativas sus explicaciones y vivencias ligadas a estos singulares artilugios de la molinística europea. Tanto turistas como escolares se van entusiasmados con esta experiencia didáctica e interactiva llamada la 'fábrica del viento'.

Todo surgió como una propuesta de Pedro Jiménez, alcalde de 1978 a 1999, a Antonio Pagán. Y así irrumpió con brío en el 2000 este colectivo cultural que ha posibilitado la digna tarea. Conectaba con los recuerdos infantiles de Antonio, niño pastor en el Campo de Cartagena, en los que estaban tan presentes como elemento cotidiano del paisaje. Aunque los recordaba, no blancos, sino de color ocre o rosa Valencia, resultado de los materiales con que se edificaban: cal y arena.

Una de las actividades estrella de la asociación es la Fiesta de los Molinos de Viento que se celebra a finales de abril en razón de su benigno clima. En el transcurso de la misma se proclama Molinero y Molinera de Honor, recayendo en personas siempre ligadas por lazos familiares, con el oficio de la molienda o el arte de elevar agua del subsuelo. Han sido distinguidos entre otros Juan Montoya Inglés, ingeniero industrial, hijo de Salvador, que fuera maestro aperador de La Puebla, dedicado por tanto a la construcción y reparación de la maquinaria molinera. El propio Juan ha sido autor de un libro homenaje que aborda la trayectoria de su progenitor. Además ha participado en la restauración de algunos molinos como el de El Jimenado, junto a su hermano Salvador, maestro carpintero. En otra ocasión fue premiado Sebastián Escudero, fundador del Festival del Cante Flamenco de Lo Ferro. Inspirado en el molino harinero de Lo Ferro, que data del año 1837, la escultora Maite Defruc realiza una estatuilla de bronce para premiar al cantaor o cantora que interprete la mejor ferreña en el festival de aquella localidad.

También ha sido elegida Molinera María José Martínez, licenciada en Historia del Arte y guía oficial de turismo que organiza las rutas del municipio y que tanto hace. Los socios, amigos y vecinos participan en una misa en la ermita del Pasico y en la romería, acudiendo bien a pie, a lomos de hermosos caballos o sobre elegantes carruajes. Del molino del tío Pacorro o molino de la viuda se marcha hacía el de la Hortichuela y de ahí hasta el del Pasico. Allí se escuchaban antes los versos panochos del bando escrito por el fallecido Antonio Garre Albaladejo 'El Patatero' o se disfruta ahora de una representación teatral inspirada en el Quijote. Más tarde se reponen fuerzas con un almuerzo a base de gachas migas, y a veces, por la tarde tiene lugar una velada de trovos.

La asociación quiso conocer cual era el patrón de los molineros y asesorados por el médico cartagenero Carlos Romero Galiana, gran estudioso de estos artefactos, supieron que era San Vinoco. Debido a la nula popularidad del santo, Romero les propuso a San Miguel Arcángel, en honor a Miguel de Cervantes, autor que los universalizó en su magna obra. Por eso también organizan otra fiesta el domingo más cercano a dicha onomástica, el 29 de octubre. Entregan a cada romero una caña con un lazo blanco anudado en su extremo que ayude a la marcha procesional con que acompañan a la imagen del santo.

En esta ocasión eligen Romero de Honor, distinguiendo así a una persona que defienda la preservación de estos ingenios, al tiempo que degustan las tortas de San Miguel con que han bautizado a un producto gastronómico que elaboran con harina procedente de la molienda del molino del Pasico.

Consideramos modélica a la asociación de amigos de los molinos que, propiciando un nuevo folklore, han sido capaces de devolverles un sentido a su presencia entre nosotros, una nueva funcionalidad que si bien no pasa por volver a triturar trigo o sacar agua para regar los cultivos, forman parte de un concepto de turismo que es alternativa o complemento al sol y playa.

Por iniciativa municipal y ciudadana los molinos pasan a ser un nuevo elemento de la dinámica festiva de Torre Pacheco, protagonistas de festejos que hacen que volvamos nuestras miradas hacia ellos, integrándolos en nuestras vidas. Estos gigantes del viento pasan a ser mantenidos por los presupuestos públicos y la colaboración vecinal, garantizando así que sigan siendo un factor generador de identidad municipal y comarcal. Larga vida.

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