Dossier: Paisatges sonors - Observatori del Paisatge

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18 March 2015

Diez árboles singulares de foto

El parketxe acoge una muestra con las mejores instantáneas del concurso para ilustrar el calendario foral 'Custodiando la tierra.

MARIAN GONZÁLEZ

El Diario Vasco [Feature]

Foto

Portada del calendario, que ha originado la muestra. / MARIAN

Los árboles singulares son majestuosos monumentos naturales que por sus características extraordinarias o destacables (tamaño, edad, historia, belleza o situación), merecen una protección especial, sean o no autóctonos.

En Euskadi hay 25 repartidos por todo su territorio. Desde tejos (cinco ejemplares) y encinas (con 6, la especie más representada) hasta abetos, ginkgos, secuoyas, hayas, robles, magnolios... e incluso un híbrido de roble pedunculado y marojo. Diez de ellos se encuentran en Gipuzkoa, y con el objeto de darles el protagonismo que se merecen, fueron el eje de un concurso fotográfico organizado por la Diputación Foral que ha dado a luz un calendario y una exposición.

La muestra con las doce mejores instantáneas (una para cada mes) elegidas para el almanaque 'Custondiando la tierra', fue inaugurada ayer en Arantzazu, y podrá visitarse hasta el 29 de marzo en el Parketxe. La exposición itinerante tiene previsto recorrer todos los Centros de Interpretación de los Parques Naturales de Gipuzkoa hasta el 12 de julio.

DIEZ EN GUIPUZKOA

Dos de los diez árboles catalogados como singulares en Gipuzkoa, y por tanto legalmente protegidos, crecen en el Alto Deba. No se trata de ejemplares silvestres sino de especies exóticas que llevan siglos prosperando en el casco urbano al amparo de aristocráticos jardines palaciegos. Esa circunstancia ha salvado de la tala la espléndida secuoya gigante del parque de Monterrón, en Arrasate, que con sus casi 40 metros de altura está considerado uno de los árboles más altos de Gipuzkoa. No en altura, pero sí en porte y dimensiones -26 metros de altura por 14 de copa- se le equipara al magnífico magnolio del parque de Olaso, en Bergara.

Comparten lista junto a ellos las encinas de Azpiazu (Aizarnazabal) y la del barrio de Berio (Donostia), un abeto douglas situado en Albiztur, el alcornoque de Getaria, el ginkgo biloba del casco urbano de Hernani, el haya de Gaztaina-Motzeta en Altzo, el roble de Igara (Donostia) y el tejo de Pagoeta (Aia).

Pero la lista podría verse ampliada. La Diputación Foral ha localizado y catalogado otros 34 ejemplares que, por sus características notables, pueden ser susceptibles de merecer la declaración.

Araba alberga otros diez árboles singulares, mientras que Bizkaia, con 5, es la menos agraciada con este don de la naturaleza. Se trata de las encinas de Garai y de Muxika, el híbrido de roble pedunculado y marojo de Artzentales, y los dos tejos de Arimekorta (en el Parque Natural de Gorbeia).

Singular entre los árboles singulares, es el caso único en Euskadi, del alcornoque de Getaria, vestigio, al igual que su prima hermana la encina, de una flora de clima mediterráneo que proliferó muchos siglos atrás. El Alto de Meagas, alberga uno de los escasísimos bosquetes de alcornoques de Euskadi. De él forma parte este ejemplar que descolla con sus 22 metros de altura, 4,5 metros de perímetro y más de 10 de perímetro de copa.

El récord de altura lo ostenta el abeto douglas de Albiztur. El más portentoso de los ejemplares que Gumersindo Azurmendi plantó en los años veinte del siglo pasado, va ya por los 55 metros de altura -el equivalente a una torre de 16 pisos- y 3,6 de circunferencia. Azurmendi fue pionero en la introducción de esta especie originaria de norteamérica y también denominada pino de Oregón.

 

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